9.28.2009
9.18.2007
Cusco
Llegamos a Cusco la tarde de un sábado. Después de encontrar un alojamiento incómodo, por no decir también inseguro, caminamos por la ciudad.
Como no teníamos rumbo, recorrimos callejuelas de piedras brillantes por el uso, plazas de rápidos vientos fríos y varias cantinas. Recorrimos los cerros y las tiendas, y el cielo se oscureció. Durante un momento no comprendimos que nos rodeaba una soledad extrema en un lugar desconocido. Nos detuvimos a fumar algo. Aparecieron entonces dos taxis. Les ofrecimos la mitad de lo que nos pedían por llevarnos a nuestro hotel. Aceptaron. Nos dividimos en los dos autos y surcamos la noche plateada y oscura de Cusco.
En las plazas del centro de la ciudad me había llamado la atención la tenue luz de las farolas que las iluminaban con la pureza de la luna. Las piedras aparecían, antiguas y remotas, por la voluntad del pabilo que iluminaba por aquí y por allá de la mano del viento. La penumbra mantenía vivos los espíritus ancestrales.
Cuando el recorrido se volvía más largo de lo que esperaba, y luego de advertir que la iluminación era diferente, supe que podíamos estar en cualquier punto de esta grandiosa ciudad. Sentimos miedo.
Poco tiempo después nos encañonaron con sendos revólveres mientras nos quitaban los objetos de valor. Yo, ebrio como estaba, me envalentoné y desarmé al que me estaba apuntando. No tuve tiempo para desarmar al otro. Nos robaron todo. Yo fui el único que murió.
Como no teníamos rumbo, recorrimos callejuelas de piedras brillantes por el uso, plazas de rápidos vientos fríos y varias cantinas. Recorrimos los cerros y las tiendas, y el cielo se oscureció. Durante un momento no comprendimos que nos rodeaba una soledad extrema en un lugar desconocido. Nos detuvimos a fumar algo. Aparecieron entonces dos taxis. Les ofrecimos la mitad de lo que nos pedían por llevarnos a nuestro hotel. Aceptaron. Nos dividimos en los dos autos y surcamos la noche plateada y oscura de Cusco.
En las plazas del centro de la ciudad me había llamado la atención la tenue luz de las farolas que las iluminaban con la pureza de la luna. Las piedras aparecían, antiguas y remotas, por la voluntad del pabilo que iluminaba por aquí y por allá de la mano del viento. La penumbra mantenía vivos los espíritus ancestrales.
Cuando el recorrido se volvía más largo de lo que esperaba, y luego de advertir que la iluminación era diferente, supe que podíamos estar en cualquier punto de esta grandiosa ciudad. Sentimos miedo.
Poco tiempo después nos encañonaron con sendos revólveres mientras nos quitaban los objetos de valor. Yo, ebrio como estaba, me envalentoné y desarmé al que me estaba apuntando. No tuve tiempo para desarmar al otro. Nos robaron todo. Yo fui el único que murió.
8.09.2007
Quién
8.05.2007
Lima
Llegué a Lima una mañana, completamente borracho. En mi anterior parada compré, con cierto ingenio, una botella de ron barata y bien puesta.
Durante el viaje largo y frío bebí generosamente de la botella que había contrabandeado.
Contento ya, por la mañana, viendo correr las paupérrimas casas que se arriman a Lima para vivir, qué se yo, de sus desperdicios, sentí ganas de sacar la cabeza y los brazos por la ventana, y respirar la ciudad que me recibiría por algunos días.
En ese instante, un camión de carga que tenía poderosas vigas de madera a cada lado para proteger su mercancía chocó de lado contra el bus.
Realmente fue el raspón causado por dos vehículos circulando muy juntos y muy rápido.
Escuché un sonido y volteé. No recuerdo nada más.
Durante el viaje largo y frío bebí generosamente de la botella que había contrabandeado.
Contento ya, por la mañana, viendo correr las paupérrimas casas que se arriman a Lima para vivir, qué se yo, de sus desperdicios, sentí ganas de sacar la cabeza y los brazos por la ventana, y respirar la ciudad que me recibiría por algunos días.
En ese instante, un camión de carga que tenía poderosas vigas de madera a cada lado para proteger su mercancía chocó de lado contra el bus.
Realmente fue el raspón causado por dos vehículos circulando muy juntos y muy rápido.
Escuché un sonido y volteé. No recuerdo nada más.
8.03.2007
Crónicas del Perú
A partir de hoy y en forma periódica se publicarán las Crónicas del Perú. Manténgase informado. Págueme, y le puedo enviar como mensaje de texto a su celular.
4.12.2007
Filo dulce con enano
A J.M.
Contra un mar crepuscular de lenguas de fuego
de olas en los bolsillos del miedo i el monte
i el enano.
Recorta un sol de sonrisa de niña
de corazón no roto
de ríos contenidos
i se asoma en el filo acolchado del cielo.
Con pestañas de terciopelo maduro
se acercan las notas del arcoiris i la alegre agua de los manantiales
todas las bestias celestiales bufan en el fango.
Me asomo,
me detengo
no siento necesidad de hacer nada.
Contra un mar crepuscular de lenguas de fuego
de olas en los bolsillos del miedo i el monte
i el enano.
Recorta un sol de sonrisa de niña
de corazón no roto
de ríos contenidos
i se asoma en el filo acolchado del cielo.
Con pestañas de terciopelo maduro
se acercan las notas del arcoiris i la alegre agua de los manantiales
todas las bestias celestiales bufan en el fango.
Me asomo,
me detengo
no siento necesidad de hacer nada.
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